Expedición de JBL 2012 Centroamérica y Galápagos

Islas Galápagos

No solo los biólogos consideran Galápagos EL destino por excelencia de este planeta. Nosotros sentíamos curiosidad por ver qué aspecto tiene hoy este paraíso.

En el reino de los pinzones de Darwin

Nunca olvidaremos una escena que ocurrió a la llegada al pequeño aeropuerto de Baltra (Galápagos): los ojos de Klaus (esta vez sí que estaba con nosotros) se llenaron de lágrimas cuando salió del avión y pisó el suelo de Galápagos por primera vez. «El sueño de mi vida, haber estado una vez en Galápagos, ¡se ha hecho realidad!» La mayoría de nosotros sentía de la misma manera. Las islas provocan emociones extremas debido a su historia y a Darwin. Actualmente, este paraíso natural tiene que acoger a más de 100.000 visitantes al año, y la tendencia va en aumento. Y eso que Galápagos sigue la estrategia «anti Mallorca»: pocos visitantes, pero que tengan que pagar mucho. 100 $ extra a la llegada para acceder al Parque Nacional Galápagos, y 36 $ al abandonar la isla. En cada excursión TIENE que haber presente un guía nacional y autorizado.

Los cruceros de buceo duran SIEMPRE 7 días/6 noches y cuestan alrededor de 3.000 €, sin incluir los vuelos de ida y de vuelta. Con eso, Galápagos es un destino caro y exclusivo pero que, visto a posteriori, merece la pena hasta el último céntimo. De camino al hotel paramos para observar a las tortugas gigantes de Galápagos en su biotopo. Estos enormes animales estaban tranquilamente comiendo hierbas jugosas y echándole un ojo a posibles parejas. También vimos lo fuertes que pueden ser los gemidos de las tortugas que están apareándose. Aquí también tuvo lugar nuestro primer encuentro con los famosos pinzones de Darwin. Si te fijabas en la forma de los picos, era imposible no tener en mente los pensamientos de Darwin acerca de la teoría de la evolución.

Elegimos el hotel Silberstein en la isla Santa Cruz (www.hotelsilberstein.com), que es absolutamente recomendable. El Dive Center con el que nuestros submarinistas hicieron sus inmersiones fue el Scuba Iguana Center (www.scubaiguana.com) directamente en Puerto Ayora, poco antes del Darwin Center. La base está gestionada de forma extremadamente profesional, el dueño es Mathias Espinosa, quien incluso ha guiado perfectamente a grandes equipos de televisión de la BBC en Galápagos.

El primer vistazo bajo el agua

Nuestro equipo tuvo que volver a dividirse en aficionados al snorkel y buzos. Los que hacían snorkel tenían más partes en tierra en su plan, despertando a veces la envidia de los buzos. Por su parte, los submarinistas querían visitar sitios diferentes donde poder encontrar, a ser posible, una fauna distinta. Pero en Galápagos no se puede simplemente decidir por la mañana a dónde se quiere ir, sino que hay que seguir un plan estricto. El jueves fue nuestro primer día de inmersión, y los jueves se va siempre a Bartolomé y Cousins Rock, frente a la costa oriental de Santiago. El tiempo máximo de inmersión siempre está limitado a 60 minutos.

El primer vistazo bajo el agua siempre es el más fascinante. No era muy claro, de color algo verdoso (plancton) y la densidad de peces era fenomenal. Unos bancos gigantescos de cirujanos de cola amarilla (Prionurus laticlavius) pasaban por encima de las rocas. No había muchos corales, aunque las islas están justo sobre el ecuador. Pero la fría corriente de Humboldt, procedente de la Antártida, trae agua fría que a la altura de las islas se encuentra con el agua cálida de la corriente ecuatorial. El resultado es una riqueza increíble de nutrientes, que provoca una densidad elevada de plancton y, con ella, a una enorme densidad de peces. El inconveniente es la claridad y visibilidad limitadas bajo el agua. Un grupo de rayas doradas (Rhinoptera steindachneri) nos pasó por encima. Ante nosotros, cinco tiburones de arrecife de punta blanca descansaban en el fondo. Cada uno intentaba hacer fotos lo más nítidas posibles con su cámara, sin captar demasiadas partículas en suspensión en la imagen. En el descanso entre las inmersiones se analizaron los parámetros del agua: 27 °C, 47,6 mS/cm, pH 8,5, KH 6 °dKH, Ca 360 mg/l, Mg 1140 mg/l (datos GPS: 0°27´52"S / 90°18´32"O).

El segundo día de inmersión fuimos a Seymur, a unos 20 minutos en barco desde el punto de partida al norte de Santa Cruz. En las dos inmersiones vimos, por fin, los preciosos ángeles reales, algunas pastinacas grandes y muchos peces globo. Apareció un tiburón de punta negra grande, nos rodeó tres veces con curiosidad y desapareció. También pudimos contemplar algunas bonitas formaciones de coral. Hacia el final de la inmersión, cuando esperábamos al barco en la superficie, se acercaron nadando varias mantas rayas (Manta hamiltoni) y estuvieron girando alrededor de nosotros durante varios minutos. Wow, ¡estábamos alucinando!

Los tiburones fueron espectaculares

Lamentablemente, aún no habíamos visto ningún tiburón martillo, frecuente en esta región. Por eso, los submarinistas cambiaron el plan del último día. Aprovecharon la ocasión para visitar el sitio de buceo en Gordon Rocks, situado junto a las islas pequeñas y alejadas de Wolf y Darwin, al que solo se podía acceder con cruceros de buceo y el cual ofrece la mayor posibilidad de observar tiburones martillo. Los dos maestros de buceo nos avisaron: la corriente puede ser extrema, hay corrientes descendientes que pueden tirar de las personas hacia abajo, y hay corrientes centrífugas que pueden formar remolinos a tu alrededor. Con estas perspectivas tan estupendas nos pusimos en marcha hacia nuestras dos últimas inmersiones y, con ellas, nuestra última oportunidad de ver tiburones martillo. Contra lo que era de esperar, al principio no había ningún tipo de corriente. Nos sumergimos por la pared de la roca a 10 m de profundidad y observamos leones marinos cazando. Los animales no tenían miedo de nosotros buzos, y se «sentaban» justo delante de nosotros en las rocas a observar a sus presas. Entonces salían disparados y capturaban a los peces que habían aislado del banco. La imagen de un león marino en medio de un gigantesco banco de peces a contraluz era inolvidable. Pero, en realidad, nosotros estábamos allí por los tiburones martillo. Y finalmente, a unos 25 m de profundidad apareció el primer tiburón martillo en el arrecife. Una hembra grande de unos 3 m de longitud se estaba dejando limpiar por unos peces limpiadores.

Como allí no hay peces limpiadores «normales», este nicho ecológico ha sido ocupado por dos especies de pez diferentes. Se pudieron observar limpiando tanto peces mariposa (Chaetodon humeralis) como peces ángel (H. passer) jóvenes. Debido a la escasa visibilidad, Heiko intentó acercarse nadando al tiburón martillo (Sphyrna lewini). Pero cuando estaba a 3 m de distancia, el tiburón martillo interrumpió la sesión de limpieza y se fue de nuestra vista. Daba igual, ¡había sido el primer tiburón martillo! Entonces intentamos llegar a la cara exterior de Gordon Rocks. Centímetro a centímetro luchábamos contra la corriente, avanzando colgados de las rocas. Casi se nos cae la máscara de la cara. ¡No es broma! La corriente era la más fuerte que habían experimentado jamás incluso los submarinistas más expertos. La situación era especialmente divertida para los buzos con cámara, ya que a ellos solo les quedaba una mano para agarrarse. Permanecimos en medio de esta resaca durante casi 15 minutos para poder ver más tiburones. Se divisaron tres tiburones martillo más, pero casi ninguno se acercó lo suficiente a los submarinistas para poder hacer una buena foto. El esfuerzo físico de aguantar la corriente gasta aire. Por eso, esta inmersión solo duró 45 minutos. No obstante, todos estábamos contentos y no nos fue demasiado difícil despedirnos.

Iguanas marinas a cada paso

Lógicamente, todos queríamos ver las famosas iguanas de las Galápagos. Pero los días estaban completamente ocupados y solo nos quedó tiempo después de haber vuelto de bucear. Volvimos alrededor de las 16:00 h al hotel y nos fuimos otra vez de inmediato para buscar a estos animales. No hubo que buscar mucho, puesto que las iguanas andaban libremente por las calles y en los puertos. En un tramo de costa debajo de la estación de Darwin encontramos muchas iguanas marinas (Amblyrhynchus cristatus) luchando por sus territorios.

Incluso andando entre las dunas tuvimos que tener cuidado de no pisar a los animales. Su color y su forma extravagante se asemejaban asombrosamente a las rocas volcánicas del entorno. Las iguanas no tenían miedo y se dejaban fotografiar de buena gana a pocos centímetros de distancia. Nuestro grupo de aficionados al snorkel tuvo la suerte de poder observar incluso iguanas marinas nadando. Era muy bonito el contraste con los cangrejos moros (Grapsus grapsus) que merodeaban por las rocas. Ellos solo viven en las Galápagos y en dos islas pequeñas del Atlántico. El contraste de sus llamativos colores sobre las rocas oscuras es bastante singular. Solo los animales jóvenes son aún de color oscuro.

Playa de arena hasta el horizonte – el final del viaje

La última tarde todavía nos quedaban un par de horas hasta el anochecer para pasear por la playa de arena más larga de la isla, la Bahía Tortuga. A esa playa de ensueño se llega después de una caminata de casi 3 km por un paisaje precioso de dunas. Como su propio nombre indica, las tortugas verdes (Chelonia mydas) ponen aquí sus huevos, aunque no en la época en la que fuimos nosotros. La puesta de huevos ocurre en enero.

Las iguanas marinas parecen cuerpos extraños sobre la playa de arenas blancas. Dan vueltas por la playa a pleno sol como si no supieran a dónde ir. Tampoco parecen molestarles los turistas que merodean por ahí «al tuntún». En la parte trasera de la playa hay una pequeña península, tras la cual se encuentra una pequeña bahía rodeada de mangles. Aquí está permitido bañarse y nadar. Unos guardas vigilan que nadie cuelgue ropa en las ramas de los árboles ni cometan ninguna otra falta. Aunque las normas molestan a veces, aquí son imprescindibles para que el paraíso natural de las Galápagos continúe existiendo.

Nuestra expedición de JBL de 2012 terminó con la visita a dos cráteres enormes (los Cráteres Gemelos). A lo largo de 17 días hemos adquirido conocimientos nuevos sobre los animales que habitan nuestros acuarios y terrarios, y hemos podido presenciar una naturaleza intacta y visitar lugares fascinantes. Al final había que ver y clasificar miles de fotos. Además, se elaboraron unas tablas con todos los datos anotados y valores medidos. Lógicamente, el antiguo lema sigue estando vigente: el fin de una expedición es el principio de otra. Vietnam nos espera en el 2013. ¿Quiere formar parte? Encontrará el formulario de solicitud en la primera página del anuncio del taller en Vietnam.

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