Expedición de JBL 2012 Centroamérica y Galápagos

Nicaragua

El lago Cocibolca esconde muchas características especiales y, sin embargo, es bastante desconocido. Por eso, nuestro viaje nos llevó por el norte de Costa Rica directamente al extremo sur de este gigantesco lago.

Serpiente en la frontera con Nicaragua

En medio de la nada apareció una casita con soldados que nos hicieron un control. Todos tuvimos que mostrar nuestro pasaporte, esperar a que apuntaran nuestros datos, mostrárselos a un segundo soldado que declaró inválida la lista del primero, volver a esperar a que apuntaran los datos de nuevo, pagar una tasa de entrada al país pero solo en dólares, etc. Realmente divertido y, además, nos dio tiempo a explorar la zona con más detalle. Klaus seguía con sus increíbles descubrimientos ornitológicos: un grupo de al menos 50 papagayos pasaron volando hasta un campo y juguetearon por la hierba. Heiko había descubierto una serpiente de unos 2 m de longitud en un árbol. Después de consultar brevemente sus libros acerca de la toxicidad de la serpiente, decidió interactuar con ella. Trepar por el árbol no parecía nada elegante, pero fue eficaz: la serpiente, identificada como una tigra cazadora (Spilotes pullatus, género monotípico), comenzó a retirarse a las ramas más altas. Los avances de Heiko no provocaron un ataque, comportamiento que los libros describen como típico de esta especie, sino que hicieron que cambiara de árbol. Mientras lo hacía, se pudo ver bien que la serpiente debía haber comido recientemente, ya que estaba claramente hinchada.

Mientras tanto, se solucionaron los trámites fronterizos y pudimos seguir nuestro camino. Fuimos en barca por un río que desembocaba en el lago Cocibolca. Ya se estaba poniendo el sol y, después de una hora de trayecto por el lago a la caída de la tarde, el equipo llegó al Archipiélago de Solentiname, donde nos alojamos.

¿Sigue habiendo tiburones en el lago Cocibolca?

Cuando se divisaron los primeros tiburones en el lago Cocibolca, se dio por sentado que se trataría de una especie propia de tiburón de agua dulce. Pero más tarde, los científicos descubrieron que se trataba de tiburones toro, que llegaron al lago remontando un río y, aparentemente, no volvieron al mar. Como los tiburones son generalmente considerados «malos», el ser humano ha exterminado la población de tiburones de forma sistemática. No obstante, cuando nos metimos en el agua turbia por primera vez, teníamos algo de miedo porque no se veía nada. Pero en cuanto vimos al primer cíclido agitándose en la red, dejamos de pensar en los cocodrilos y los tiburones. Y es que el instinto cazador es más fuerte que el miedo.

A la orilla de una isla pequeña capturamos varias especies de pez, que luego identificamos en el acuario fotográfico. Después visitamos el pueblo cercano para contemplar (y comprar) artesanías talladas en madera que el cura Ernesto Cardenal había sugerido a la población del archipiélago para ganar dinero. Tuvimos incluso la oportunidad de visitar la casa donde se aloja Ernesto Cardinal cuando va de viaje al Archipiélago de Solentiname. Ernesto Cardenal es un cura católico suspendido, luchador por la libertad y poeta, que en 2005 estuvo nominado al Premio Nobel de Literatura. Su casa nos fascinó por su sencillez, que reflejaba el tipo de vida tan modesto que lleva este hombre admirable. A la vuelta descubrimos los primeros basiliscos, que permanecieron tranquilamente sentados en un árbol confiando en su mimetismo.

Nuestro equipo se dividió: algunos querían seguir explorando por tierra, otros estaban más interesados en los hábitats acuáticos. Justo delante de nuestro alojamiento (Casitas Española Lodge) preparamos una red vertical de 5 m de longitud rodeando algunos arbustos que estaban en el agua. Entonces chapoteamos agitadamente por un lado, lo que provocó que los peces que allí vivían se pegaran un susto de muerte o se dirigieran a la red. La captura fue asombrosa: ¡en pocos segundos había al menos 100 peces en la red! Sacar a continuación los peces de la red fue algo más complicado. Pero salió bien, así que volvimos a probar en otro sitio. Allí pasó lo siguiente: cuando tratábamos de liberar a los peces de la red, una parte de la misma colgaba en el agua. Un gobio de unos 30 cm de longitud aprovechó la indefensión de los peces y empezó a comérselos uno tras otro hasta que lo capturamos.

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